LA TEORÍA POLÍTICA DEL KIRCHNERISMO

jueves, 19 de marzo de 2009

…una ciudad corrompida que vive bajo un príncipe no podrá llegar a ser libre
aunque ese príncipe desaparezca con toda su estirpe, por lo que conviene que un
príncipe suceda a otro, pues no descansará hasta crear un nuevo señor…"

Nicolás Maquiavelo, Discursos sobre la primera década de Tito Livio, Libro I, parágrafo 17.


Con las ideas, como con las palabras, se pueden hacer muchas cosas, pero sobre todo se pueden hacer dos cosas: mencionarlas o usarlas.

Alguien “menciona” una idea cuando la nombra, cuando genera una secuencia de signos en torno a esa palabra, o a esa idea, cuando en una disputa meramente señala, por ejemplo, que va a respetar el diálogo, la calidad institucional o los compromisos asumidos. Pero alguien “usa” una idea cuando la utiliza efectivamente como mapa cognitivo para mirar el mundo, y toma decisiones congruentes con los supuestos y las previsiones que se derivan de esa idea. Para decirlo con una ilustración a la mano: Si un gobernante dice que respetará las instituciones públicas, pero falsea sistemáticamente las cifras oficiales, entonces, y bajo la hipótesis realista que pretende mantenerse en el poder, ese gobernante en realidad cree que la mentira persistente es un instrumento de gobierno más adecuado.

En un caso, pues, profesamos una teoría política, una manera de ver el mundo del poder y fundar nuestras decisiones, que podríamos llamar “manifiesta”, “superficial” o “pública”, en la que mencionamos muchas palabras; en el otro caso, le somos fiel a una teoría política “latente”, “profunda” o “secreta”, que usamos realmente para resolver nuestros problemas.

De un tiempo a esta parte se han escrito caudalosos arroyos de tinta acerca de la teoría política “profunda” del kirchnerismo. Sus principios son, a esta altura del partido, sobradamente conocidos: acumulación de los poderes republicanos, concentración piramidal de la toma de decisiones, control político de las calles, centralización federal del nivel de gobierno, manejo discrecional de los recursos fiscales, viraje arbitrario de las regulaciones económicas, y otros despropósitos por el estilo. Algunos de estos principios ya han mostrado capacidad para devorar a sus propios progenitores, pero otros no han sido desmentidos ni por la sociedad ni por sus instituciones, o sea que hasta ahora, al menos, no han sido refutados por la realidad, que es la única verdad.

Ahora bien, una primera pregunta que ha comenzado a repiquetear en estos días, a resultas del cambio de actitud respecto del conflicto agropecuario, es si se trata de un viraje estratégico, algo así como un cambio de paradigma teórico, o apenas es un ajuste táctico ante una fortuna definitivamente adversa. Como bien lo anticiparon los dirigentes del sector agropecuario, la confianza no se reconstruye con palabras (esto es, no basta con “mencionarla” en los discursos y los acuerdos), sino que hay que edificarla pacientemente con hechos reiterados a lo largo del tiempo, hay que ponerla en práctica con decisiones confiables. Para citar otra vez a un filósofo experto en cuestiones de lenguaje: “al rengo habrá que verlo caminar”.

Pero por debajo, o por detrás, de esta interrogante puntual, hay una pregunta algo más perturbadora a la que deberíamos prestarle atención. Cualquier cosa que sea el kirchnerismo, es claro que no ha sido una tormenta en día sereno. Lo poco o lo mucho, lo bueno o lo malo de su aprendizaje de gobierno, su manera de ver y de actuar en el mundo de la política o los negocios, lo aprendieron aquí, en estas tierras, no en Júpiter.

Por eso, y más allá de estilos y de formas (que importan, y mucho), me pregunto si la teoría política “profunda” del kirchnerismo acaso no se corresponde demasiado bien con la estructura y la dinámica del poder –político, económico, social o cultural- de la Argentina contemporánea. Me pregunto si acaso el kirchnerismo no tomó debida nota de la persistente oscilación que nos ha tenido a mal traer en el último cuarto de siglo de vida democrática, y que ha afectado tanto la eficacia de las políticas como la calidad institucional de la república. De acuerdo con ese desdichado esquema pendular, los términos opuestos han sido concentración política o fragmentación partidaria; gobiernos personalistas y providenciales, o dispersión caótica; eficacia omnímoda y descontrolada versus pluralismo inoperante. El último Alfonsín y todo De la Rúa de un lado, Menem y Kirchner del otro. De los que ya terminaron, todos terminaron mal, es cierto, pero hay diferentes formas de terminar mal.

Así las cosas, alguien podría decir, y con razón, que la teoría política del kirchnerismo es tan primitiva como su “teoría” económica, y que debe ser superada por algo mejor. Pero entre ambas hay una distancia no menor que se traduce en términos de su eficacia diferencial. En la actualidad, la teoría económica es forzosamente global y eso le impone restricciones infranqueables y oportunidades delimitadas. Por haber respetado prudentemente esas restricciones, países como Chile o Brasil tendrán ahora oportunidades que la Argentina verá pasar de largo. En cambio, la teoría política profunda todavía, y por mucho tiempo, podrá darse el lujo de ser nacional, provincial o pueblerina, y de actuar en el marco de esos estrechos (o demasiado laxos) márgenes.

Quizá alguno/a juzgue ociosas estas indagaciones, que dirigidas al kirchnerismo pronto serán objeto de reposada curiosidad historiográfica. Pero los actuales líderes opositores –y los ciudadanos de a pie- harían bien en comenzar a espigar algunas lecciones de esta amarga experiencia.

Quizá más temprano que tarde esos líderes emergentes deban enfrentar una decisión crucial, y contestar aquella pregunta perturbadora: ¿Hasta qué punto están dispuestos a poner en práctica de manera efectiva, con qué beneficios y a qué costos, las palabras y las ideas que hoy tanto se mencionan?

La Plata, 5 de marzo de 2009.

2 comentarios:

Carolus dijo...

No debería leer esto... Es retorcidamente maquiavélico. Entre, mire y ya me contará:
http://www.personal.able.es/cm.perez/Extracto_de_EL_ARTE_DE_LA_VENTAJA.pdf

Mas sobre estos temas en
http://www.personal.able.es/cm.perez/

Antonio Camou dijo...

Estimado/a carolus, Disculpas pero no había visto tu comentario. Gracias por la referencia. Entraré y veré. Cordiales saludos, AC

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